Blog Wordbuff | Dónde desconectar, reconectar y currar al mismo tiempo
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Vacaducciones

Vacaducciones

Inevitablemente, el freelance tiene una relación amor-odio con las vacaciones. Si te pasas mucho tiempo sin currar, en unas vacaciones permanentes, las detestas y comienzas a añorar los días en los que el café y el pijama eran tus mayores aliados. Pero, ¡ay de los días en los que no paras de teclear! Hasta un motel de carretera en el pueblo más desabrido del universo resulta el plan romántico ideal para unas merecidísimas vacaciones.

Así que cuando Alex y yo currábamos en Madrid, mucho antes de convertirnos en serios empresarios, y por fin decidimos pillarnos unos días para desconectar, optamos por ir a un lugar en el que trabajar fuera llevadero y descansar placentero. Desde mi infancia conozco ese lugar: San José, en Almería. Un pequeño pueblo en la costa mediterránea con olor a helado de avellana y sabor a sal. No llega a los 300 habitantes. En verano está irreconocible (o viceversa, según quien hable) pero a pesar de su mutación temporal no pierde la gracia y personalidad que perennemente le caracteriza.

Aunque la temporada a principios de octubre ya se considera baja, algunos establecimientos permanecen abiertos. Como mujer precavida vale por dos, y ya flaqueo en demasiadas cosas, siempre llevo en el bolso el cable del teléfono para poder conectarme a Internet y traducir en cualquier lugar al que se nos antoje ir. Una de las tardes, por ejemplo, jugábamos con Pongo en Cala Higuera cuando me llamaron para realizar una traducción jurada urgente. A cien metros de la cala hay un pequeño “lugar mágico”, como ellos mismos se describen, donde puedes instalar tu oficina portátil en una de sus mesas de terraza y tener, a cambio de algo para picar, las mejores vistas al Mediterráneo. Perfecto. Además, la dueña tiene un simpático dálmata que se merodea entre las mesas. Si vas con tu perro, lo mantendrá la mar de entretenido.

A la mañana siguiente imprimí mis documentos y me apresuré a enviar la traducción a Correos. Parecía una oficina inventada en un bajo improvisado, pero sin colas infinitas y con un servicio de lo más eficaz. Tan solo había otro cliente que resultó ser catedrático de la universidad y (de esto segundo me enteraría más tarde) primo segundo de mi madre, que es la artífice de nuestra predilección por la zona. Según me contó, tenía que enviar un par de tesis doctorales editadas y corregidas a sus alumnos, porque según él, “quiero todo en papel y nada de ordenadores, que me complican la vida”, pero no entré en debates porque, total, cada uno sabe lo que le hace feliz. Al terminar, bajé por la perpendicular a la orilla y caminé hacia la entrada del puerto, donde me esperaban Alex en el Dione Trastevere con una pizza de boletus extremadamente fina y sabrosa que pedíamos por segundo día consecutivo. Un éxito. Y de postre, una tarta casera con queso mascarpone en el Restaurante 4 Nudos. Inigualable. Allí todos los postres están de rechupete.

Todo sabe mejor en los pueblos costeros.

Otra tarde fui a trabajar un poco a un bareto que se llama La Mondrágora, en la esquina de la calle Puerto con la calle Tramontana. Tienen unas cervezas artesanales de la zona de Cabo de Gata, buenísimas, y unas tapas originales y alternativas, a juego con el local, que te sirven con la bebida. Rollo tapa granadina. La terraza es minúscula, pero muy agradable; se puede ver pasear a los lugareños con su ropa de vacaciones y hay mesas de madera donde puedes trabajar, aunque no lo recomiendo para proyectos que precisen de mucho tiempo. Al ser pequeño, y tan cool, se llena con facilidad.

En resumidas cuentas: si buscas un lugar auténtico, tranquilo y especial en el que trabajar en tus proyectos durante unos días, San José es el lugar perfecto. En temporada baja puedes encontrar alquileres a muy buen precio. Y lo mejor es que si tienes perro, lo puedes llevar contigo porque estás en mitad de un increíble parque natural con muchísimos carriles y senderos para pasear, pasear y pasear. Ya me dirás si vas, ¡seguro que no te arrepientes!

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