Blog Wordbuff | Oda a los enfermeros en el extranjero
Para poder irse a currar al extranjero, los enfermeros necesitan traducir mogollón de documentación. Y ya se sabe, a menudo el roce hace el cariño.
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Oda a los enfermeros

Oda a los enfermeros

Últimamente me encuentro en permanente contacto con enfermeros que batallan con el papeleo necesario para irse a trabajar al extranjero. Formo parte, aunque mínimamente, de sus emocionantes preparativos de viaje, de sus trámites burocráticos y de la ardua tarea de organización que precede el comienzo de toda nueva etapa. A veces el contacto se hace muy estrecho. Por eso, a menudo me pregunto cómo les irá todo en el país del rock, del té y del rey Arturo. Así que hace poco decidí hablar con María, una enfermera granadina ahora afincada en Portsmouth, para que me pusiera al corriente de todo.

“Más que contenta, Mar”.

Portsmouth es una ciudad costera del sur de Inglaterra. Allí puedes encontrar el increíble The Still & West, con los mejores fish and chips del país, y unos desayunos de miedo en South Beach Café. Yo la conozco bien porque estudié allí mi segundo año de carrera. Además, como me recuerda María, “al tener una buena universidad, el ambiente suele acompañar por las noches y nunca está de mal un rato de salsa en el Drift o una noche de fiesta en el Astoria o cualquier otra disco de la zona”.

Conversando con ella sobre su día a día caigo en que los enfermeros tienen en común con los freelancers una cosa: los dos tipos de días que existen en sus calendarios. “Por un lado los long days – me cuenta María -, incluso eternos a veces, en los que pasamos nada más y nada menos que 12 horas trabajando en el Queen Alexandra Hospital. Parece una locura pero una vez adaptada a la rutina inglesa y después de un buen café o té (si te estás volviendo medio inglés) pasa volando”. Sin menospreciar los efectos de la cafeína, escuchando a María me cercioro de la suerte que tenemos los que hemos descubierto nuestra vocación por un determinado curro, que nos hace amoldarnos a no importa la carga de trabajo que tengamos con una facilidad tal que nos convierte en humanos admirados y envidiados.

“Por otro lado están los days off o días libres – prosigue María – en los que uno puede disfrutar de la cama tranquilamente, dar un paseo por la playa (si te pilla una ola de calor inglesa en verano te puedes hasta dar un baño), ir al puerto a tomar algo o hacer un poco de turismo por las ciudades de alrededor”. Por Brighton, por ejemplo, una ciudad llena de vida, y de cafés con tartas de zanahoria, boutiques de ropa de segunda mano y baretos de música independiente. La envidia de las ciudades y pueblos de alrededor, el codiciado hogar de los transeúntes felices que se ven a todas horas por sus animadas calles.

Son muchas las razones que nos impulsan a irnos de un lugar o a permanecer en él. O pocas. María decidió realizar este cambio en su vida por varios motivos: ver mundo, conocer gente nueva, aprender inglés… “Pero Mar, sin duda lo que me hace estar hoy aquí es tener la oportunidad de trabajar en lo mío, la enfermería.” Las decisiones que tomamos son las que condicionan nuestro futuro, y las que nos definen, las que nos hacen ser quiénes somos. Yo soy de las que piensa que no hay caminos erróneos o acertados, sino personas, lugares o trabajos a los que no podemos decir que no.

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